Trash funeral (marzo 2009)
Ignacio no está reflexionando,
espera en una esquina del sofá con la mente en blanco,
será que no se acostumbra a lo aséptico de estos lugares,
será que lleva demasiado tiempo sentado,
la gente va llegando escalonadamente,
le dan el pésame a su prima,
se amontonan en el velatorio,
e Ignacio decide acercarse un rato al bar.
Cuando vuelve, su primo ha llegado,
le acompaña una asistenta dócil y cariñosa que también es su mujer,
solo se saludan, ya habían hablado de nada anoche,
luego se pierden entre el gentío, Ignacio se alivia,
empieza a estar harto de este compromiso,
se marcha de nuevo al bar, casi se le pasa la hora,
regresa a la carrera, y entra en la capilla con los rezagados.
Empieza la ceremonia, y ve que no puede,
que si se sienta, su hígado no se lo va a perdonar,
así que permanece de pie entre las últimas filas de la sala,
delante tiene bustos planchados que le dan la espalda,
el sacerdote hace como si nada, salvo por alguna mirada,
ve a un hombre encogido y de frágil iniciativa,
las rodillas, de metacrilato; los sentidos, pura arcilla,
y, quien más quien menos, el resto se ha hecho cargo de la situación.
La tos y el carraspeo ya no hacen de puente sobre el silencio,
el ambiente se ha llenado de Brummel,
Ignacio quiere otro coñac,
observa el féretro ocupado,
observa los lirios y a la violinista,
y afronta que su vida ya es acostumbrarse a la muerte,
pero no le parece gran cosa, y desearía estar en el bar.
domingo 29 de noviembre de 2009
sábado 14 de noviembre de 2009
Esto es devoción
Esto es devoción (febrero - noviembre 2009)
Se acercó cuando estaba sentado en el suelo, solo para poder decir que una vez me tuvo a sus pies,
intentó mantener una conversación que yo solo hice fluir por momentos,
señaló hacia un grupo de gente, y ella no miraba, pero no estaba de espaldas,
fuimos, hablamos, los fotogramas salían por mis orejas,
me juré olvidarlo del todo, como siempre que me es imposible.
Dos meses más siguió acompañándome a algunos sitios,
"sabes? cuando hay química, las personas somos un cero a la izquierda,
solamente hacemos encajar las piezas",
acertó a decir con intenciones equivocadas,
ella, que recién había llegado, se acercó a saludarnos,
me fijé en los sarpullidos por el borde de sus labios,
dije: "quizás deberías decirle a tu novio que se lave la boca más a menudo",
su reacción: "¿tú eres tonto o te pasa algo?",
y pensé: "(por qué diré lo que pienso?,
y más con lo encantadora que es, la amo!)".
Sentada justo de espaldas junto a la puerta del café,
el sitio ideal para encontrarse a la gente cuando se tienen que marchar,
a mi me reclamó a viva voz,
y ya le dio otro ataque de hipo al corazón.
Me explicó que los vicios de la podedumbre pueden con los lastres de la dignidad,
que los criminales siempre responden con más rapidez,
un gato durmiendo en la jaula del canario,
y si pierdes hoy, mañana van a hacer trizas de ti.
No pude evitar agarrarla con la mirada,
ella me hizo una llave con la suya,
me disculpé sin saber por qué,
ella dudó, para el final, responder:
"hay algo que has de entender,
hay cosas de las que no conviene hablar, y otras que no has de saber"
y yo: "(guau, qué frase! la amo!)".
Desorientado entre turistas de una isla nocturna de placer,
ella vino al rescate escoltada por un desconocido,
estaba constipado, y parecía sentirse fuera de lugar,
volví a mi cerveza, y él a su pañuelo,
me escondí, les espié en lo alto, bajo un arco, junto a unos descamisados,
eran gramos de sosiego en un manjar humeante,
dos sombras que se fundieron en el horizonte,
la descongestión era imparable,
sus besos, más dulces que nunca.
A la salida, dormía con los ojos abiertos y asintiendo mientras ella y el mocoso seguían a lo suyo,
el alba avanzaba por el este, y amenazaba con derrotarnos,
me llamó por mi nombre, atendí como si nada,
y ella: "te gusto, ¿verdad?",
y yo: "(toca ser valiente) sí",
y ella: "ves? se enamoran de mi, no pueden evitarlo!",
yo ofendido, pero en realidad: "(guau, qué perra! la amo!)".
Y si hablo de mí, hablo de lo que puedo contar,
que el cinismo no es postura, es sentido común,
conocí a un señor en mi interior que me explica cosas que nadie más me explica,
y no deseo morir, solo me da igual.
No sé si digo más en castellano o catalan, pero miento en ambos idiomas,
lo peor de despreciaros es que también necesito compañía,
y no diría que el aspecto es un aspecto que me la trae al pairo,
pero mis prioridades son tan inabarcables que no hay manera de tenerlo en cuenta.
Esgrime que ser tan cerebral es no saber vivir,
respondo que ser espontáneo es actuar basándose en los propios prejuicios,
acude a la ciencia y a los malos augurios respecto a la salud,
me escudo en que eso es fantástico bajo mi punto de vista,
deseo que no termine preguntando si hay algo que valga la pena,
y me pregunta: "entonces, ¿qué te parezca que valga la pena?"
y yo: "tú, antes de preguntarme esto".
Se acercó cuando estaba sentado en el suelo, solo para poder decir que una vez me tuvo a sus pies,
intentó mantener una conversación que yo solo hice fluir por momentos,
señaló hacia un grupo de gente, y ella no miraba, pero no estaba de espaldas,
fuimos, hablamos, los fotogramas salían por mis orejas,
me juré olvidarlo del todo, como siempre que me es imposible.
Dos meses más siguió acompañándome a algunos sitios,
"sabes? cuando hay química, las personas somos un cero a la izquierda,
solamente hacemos encajar las piezas",
acertó a decir con intenciones equivocadas,
ella, que recién había llegado, se acercó a saludarnos,
me fijé en los sarpullidos por el borde de sus labios,
dije: "quizás deberías decirle a tu novio que se lave la boca más a menudo",
su reacción: "¿tú eres tonto o te pasa algo?",
y pensé: "(por qué diré lo que pienso?,
y más con lo encantadora que es, la amo!)".
Sentada justo de espaldas junto a la puerta del café,
el sitio ideal para encontrarse a la gente cuando se tienen que marchar,
a mi me reclamó a viva voz,
y ya le dio otro ataque de hipo al corazón.
Me explicó que los vicios de la podedumbre pueden con los lastres de la dignidad,
que los criminales siempre responden con más rapidez,
un gato durmiendo en la jaula del canario,
y si pierdes hoy, mañana van a hacer trizas de ti.
No pude evitar agarrarla con la mirada,
ella me hizo una llave con la suya,
me disculpé sin saber por qué,
ella dudó, para el final, responder:
"hay algo que has de entender,
hay cosas de las que no conviene hablar, y otras que no has de saber"
y yo: "(guau, qué frase! la amo!)".
Desorientado entre turistas de una isla nocturna de placer,
ella vino al rescate escoltada por un desconocido,
estaba constipado, y parecía sentirse fuera de lugar,
volví a mi cerveza, y él a su pañuelo,
me escondí, les espié en lo alto, bajo un arco, junto a unos descamisados,
eran gramos de sosiego en un manjar humeante,
dos sombras que se fundieron en el horizonte,
la descongestión era imparable,
sus besos, más dulces que nunca.
A la salida, dormía con los ojos abiertos y asintiendo mientras ella y el mocoso seguían a lo suyo,
el alba avanzaba por el este, y amenazaba con derrotarnos,
me llamó por mi nombre, atendí como si nada,
y ella: "te gusto, ¿verdad?",
y yo: "(toca ser valiente) sí",
y ella: "ves? se enamoran de mi, no pueden evitarlo!",
yo ofendido, pero en realidad: "(guau, qué perra! la amo!)".
Y si hablo de mí, hablo de lo que puedo contar,
que el cinismo no es postura, es sentido común,
conocí a un señor en mi interior que me explica cosas que nadie más me explica,
y no deseo morir, solo me da igual.
No sé si digo más en castellano o catalan, pero miento en ambos idiomas,
lo peor de despreciaros es que también necesito compañía,
y no diría que el aspecto es un aspecto que me la trae al pairo,
pero mis prioridades son tan inabarcables que no hay manera de tenerlo en cuenta.
Esgrime que ser tan cerebral es no saber vivir,
respondo que ser espontáneo es actuar basándose en los propios prejuicios,
acude a la ciencia y a los malos augurios respecto a la salud,
me escudo en que eso es fantástico bajo mi punto de vista,
deseo que no termine preguntando si hay algo que valga la pena,
y me pregunta: "entonces, ¿qué te parezca que valga la pena?"
y yo: "tú, antes de preguntarme esto".
martes 8 de septiembre de 2009
Tatiana, la rusa sin muñecas
Tatiana, la rusa sin muñecas (julio 2008 - agosto 2009)
Tatiana ensimismada mientras su tía se cambia de ropa,
tiene los pechos tan largos y caídos que se les puede dar la mano,
"(es algo que solo puedo pensar)", piensa, sin querer mirarse los muñones,
y observa los libros en la estantería, semejantes a un batallón disciplinado,
cuando su padre vuelva del trabajo le dirá que no le lea más,
que ya tiene dieciseis años, y eso es cosa de niñas.
Hay días en los que añora sus sueños,
hay días en los que se ve guapa vestida,
aprieta el calor, abajo tienen la tele a toda castaña,
por el bullicio abrasado de las ondas, debe de haber una competición,
seguro que hacen panorámicas del estadio y muestran la crono de cada carrera,
corredores de fondo de aspecto endeble, pero de goma dura,
latigazo como de mallas soltadas que resucita a la habitación,
su tía se estira la hebilla del sostén para recolocarse el pecho izquierdo,
y Tatiana siente como se desprende el fósforo de su cráneo.
La muñeca derecha la perdió a los ocho años,
buscaba piedras planas y afiladas que rebotaran sobre el río,
y entre los matorrales solo encontró a una serpiente que se defendía,
por período de un segundo, una y otra se retorcían.
En el pote mal cerrado de cristal, los gusanos se beneficiaban de la histeria del hermano,
éste tomó en brazos a Tatiana mientras su mano se agarrotaba:
"mira lo que ha pasado! es que nunca me haces caso!
que las piedras que buscas estan junto el río!
que las piedras que buscas estan bajo el agua!"
"no morirás", pronunció, entrecortado por el trote,
"no aún", precisó, como evitando a la mentira.
Mientras la cosían, se ausentaba en el repicar de la puntera de la secretaria contra el tope del escritorio,
el remate de su hombro conservaba el aroma a pescado,
las horas de los gusanos se restringían a minutos que pronto valdrían segundos,
y el doctor la tranquilizaba: "estás en edad de crecimiento, pero la carne no tiene por qué ceder".
La muñeca izquierda la extirparon a los diez,
llegaba Tatiana a clase como cada mañana, y se desvestía por imperio del radiador,
los calcetines altos le provocaban picores, era insufrible soportarlo,
así que se bajó el izquierdo con la goma de los zapatos,
perdió el equilibrio al intentarlo con el derecho, topó con el mueble de los percheros,
y el afilado corredor de metal hizo el resto.
Trasladada por dos profesoras, se fijaba en la sangre haciendo un paño de la sábana,
no dolía tanto, pero impresionaba verla abierta en canal,
esa muñeca luchaba por su razón de ser, y se negaba a soltarse,
y en la mirada de aquel hombre se descartaban las opciones;
en la voz, lo que intuía: "habrá que cortar".
"Por la psique humana no se navega, se naufraga"
leyó Tatiana al pie de un cuadro de la consulta del doctor,
no se atrevía a pedir que le bajaran el calcetín, que volvía a notar el escozor,
y el doctor la tranquilizaba: "estás en edad de crecimiento, pero la carne no tiene por qué ceder".
Tatiana escucha a su madre embarazada hablando de nueva esperanza,
para ella solo contiene más munición,
le da rabia que las idiotas de clase aseguren que da asco a los chicos, pero no le angustia,
no conoce a nadie especial,
solo al hombre de sus sueños en aquellos más húmedos,
por eso yace continuadamente, en busca del letargo,
la compulsión puede ser un delirio tierno.
Alguien anda por la calle arrastrando un palo sobre el hormigón,
ella alza los muñones, y sus brazos parecen bates,
sonríe al observar a contraluz las sombras ovaladas,
no es una chica triste, sabe sacar provecho de sus posibilidades,
en esta guerra de vida, sigue atrincherada en su nuevo placer personal,
escucha, estirada en la cama, la ausencia de ruidos le hace pensar:
"(no hay nadie en casa, haz lo que debas)"
y el viento empuja la puerta, sin llegarla a cerrar.
Tatiana ensimismada mientras su tía se cambia de ropa,
tiene los pechos tan largos y caídos que se les puede dar la mano,
"(es algo que solo puedo pensar)", piensa, sin querer mirarse los muñones,
y observa los libros en la estantería, semejantes a un batallón disciplinado,
cuando su padre vuelva del trabajo le dirá que no le lea más,
que ya tiene dieciseis años, y eso es cosa de niñas.
Hay días en los que añora sus sueños,
hay días en los que se ve guapa vestida,
aprieta el calor, abajo tienen la tele a toda castaña,
por el bullicio abrasado de las ondas, debe de haber una competición,
seguro que hacen panorámicas del estadio y muestran la crono de cada carrera,
corredores de fondo de aspecto endeble, pero de goma dura,
latigazo como de mallas soltadas que resucita a la habitación,
su tía se estira la hebilla del sostén para recolocarse el pecho izquierdo,
y Tatiana siente como se desprende el fósforo de su cráneo.
La muñeca derecha la perdió a los ocho años,
buscaba piedras planas y afiladas que rebotaran sobre el río,
y entre los matorrales solo encontró a una serpiente que se defendía,
por período de un segundo, una y otra se retorcían.
En el pote mal cerrado de cristal, los gusanos se beneficiaban de la histeria del hermano,
éste tomó en brazos a Tatiana mientras su mano se agarrotaba:
"mira lo que ha pasado! es que nunca me haces caso!
que las piedras que buscas estan junto el río!
que las piedras que buscas estan bajo el agua!"
"no morirás", pronunció, entrecortado por el trote,
"no aún", precisó, como evitando a la mentira.
Mientras la cosían, se ausentaba en el repicar de la puntera de la secretaria contra el tope del escritorio,
el remate de su hombro conservaba el aroma a pescado,
las horas de los gusanos se restringían a minutos que pronto valdrían segundos,
y el doctor la tranquilizaba: "estás en edad de crecimiento, pero la carne no tiene por qué ceder".
La muñeca izquierda la extirparon a los diez,
llegaba Tatiana a clase como cada mañana, y se desvestía por imperio del radiador,
los calcetines altos le provocaban picores, era insufrible soportarlo,
así que se bajó el izquierdo con la goma de los zapatos,
perdió el equilibrio al intentarlo con el derecho, topó con el mueble de los percheros,
y el afilado corredor de metal hizo el resto.
Trasladada por dos profesoras, se fijaba en la sangre haciendo un paño de la sábana,
no dolía tanto, pero impresionaba verla abierta en canal,
esa muñeca luchaba por su razón de ser, y se negaba a soltarse,
y en la mirada de aquel hombre se descartaban las opciones;
en la voz, lo que intuía: "habrá que cortar".
"Por la psique humana no se navega, se naufraga"
leyó Tatiana al pie de un cuadro de la consulta del doctor,
no se atrevía a pedir que le bajaran el calcetín, que volvía a notar el escozor,
y el doctor la tranquilizaba: "estás en edad de crecimiento, pero la carne no tiene por qué ceder".
Tatiana escucha a su madre embarazada hablando de nueva esperanza,
para ella solo contiene más munición,
le da rabia que las idiotas de clase aseguren que da asco a los chicos, pero no le angustia,
no conoce a nadie especial,
solo al hombre de sus sueños en aquellos más húmedos,
por eso yace continuadamente, en busca del letargo,
la compulsión puede ser un delirio tierno.
Alguien anda por la calle arrastrando un palo sobre el hormigón,
ella alza los muñones, y sus brazos parecen bates,
sonríe al observar a contraluz las sombras ovaladas,
no es una chica triste, sabe sacar provecho de sus posibilidades,
en esta guerra de vida, sigue atrincherada en su nuevo placer personal,
escucha, estirada en la cama, la ausencia de ruidos le hace pensar:
"(no hay nadie en casa, haz lo que debas)"
y el viento empuja la puerta, sin llegarla a cerrar.
Flor a las puertas de un invierno
Flor a las puertas de un invierno (noviembre 2008 - septiembre 2009)
¿Qué ha ocurrido contigo?
ahora eres de las que no se acercan a los hombres cuando estan con alguien,
qué temes a descubrir?
qué temes desear?
por qué antes vivías y ahora intentas existir?
Hablar de las cosas que van mal es desagradable,
es desagradable no poderlas negar,
solo me interesa lo que no funciona,
sea el mundo, las leyes, o nosotros dos,
pero no me creo que te resulte violento lo que surge cuando conversamos
pues, si hablamos sobre entrañas, deduzco la conversación es entrañable,
y tú siempre te quejabas de que un conversador fuera banal.
Esperando notícias tuyas como la sangre en un cadáver caliente,
mis sentimientos agitados se estan volviendo a encauzar
en una decepción que recoge el dolor de lo que ya no ilusiona.
Vas a tener que pararme los pies,
siempre me costó reaccionar, y ahora mi ritmo es inaceptable,
no hay manera de descifrar al amor,
ser cazado por su alquimia es monstruoso.
Entonces, es verdad, no? qué frío hace!
con lo poco que me gusta, y cómo me sé desenvolver,
como nacido ayer como agua congelada,
y a eso juego, a que pase otra temporada,
el dolor se respira,
reprimirse es otra forma de sufrir.
Siento que eres motivo suficiente para renunciar a ciertas cosas,
para encontrar bizarramente interesantes los residuos de tus sueños,
creo que tus morros se deben entumecer tras el tercer beso,
y quiero que me admires, no sea cierto que no te gusto,
así siempre te puedes precipitar.
Y decides especular, tienes un colchón de afectividad,
yo echo el resto sin ambiciones recíprocas,
dejarte querer hasta verme desistir,
es algo que te permite el convencimiento de que controlas la situación,
y es así desde que me entregué.
Lo más estúpido de este romance unidireccional
es que las carreteras siempre se pierden hacia los dos sentidos,
y todo el sentido estaba en la anterior salida,
es normal que todo parezca más claro al perder la perspectiva de las cosas,
el suelo queda más cerca que el horizonte.
No obstante, yo sigo plantándote cara,
ahora tendrías que pincharme, no sacudirme,
pero tú quieres hacerme pagar mi sinceridad,
te da rabia lo que digo,
cuando yo solo digo que a mi no me pasa.
Cobarde, mira que eres cobarde,
suena a hablar por hablar, pero es la realidad,
si no lo haces, lo lamentarás,
lo verás justo antes de morir,
y si no, es que ya moriste, solo dejas de existir.
Lo peor de todo es que yo ni tan solo te diría que sí,
soy aún más cobarde que tú,
asi que estamos juntos por la dinámica de la idiotez,
yo, seguro, más idiota que tú,
pero dos idiotas, al fin y al cabo,
idiotas inseguros e indecisos.
Va a terminar el invierno que estás logrando superar,
y he de soltar este lápiz si quiero podar,
pero si tengo que escoger, sé de quién me puedo fíar,
las palabras se quedan, y tú te vas.
¿Qué ha ocurrido contigo?
ahora eres de las que no se acercan a los hombres cuando estan con alguien,
qué temes a descubrir?
qué temes desear?
por qué antes vivías y ahora intentas existir?
Hablar de las cosas que van mal es desagradable,
es desagradable no poderlas negar,
solo me interesa lo que no funciona,
sea el mundo, las leyes, o nosotros dos,
pero no me creo que te resulte violento lo que surge cuando conversamos
pues, si hablamos sobre entrañas, deduzco la conversación es entrañable,
y tú siempre te quejabas de que un conversador fuera banal.
Esperando notícias tuyas como la sangre en un cadáver caliente,
mis sentimientos agitados se estan volviendo a encauzar
en una decepción que recoge el dolor de lo que ya no ilusiona.
Vas a tener que pararme los pies,
siempre me costó reaccionar, y ahora mi ritmo es inaceptable,
no hay manera de descifrar al amor,
ser cazado por su alquimia es monstruoso.
Entonces, es verdad, no? qué frío hace!
con lo poco que me gusta, y cómo me sé desenvolver,
como nacido ayer como agua congelada,
y a eso juego, a que pase otra temporada,
el dolor se respira,
reprimirse es otra forma de sufrir.
Siento que eres motivo suficiente para renunciar a ciertas cosas,
para encontrar bizarramente interesantes los residuos de tus sueños,
creo que tus morros se deben entumecer tras el tercer beso,
y quiero que me admires, no sea cierto que no te gusto,
así siempre te puedes precipitar.
Y decides especular, tienes un colchón de afectividad,
yo echo el resto sin ambiciones recíprocas,
dejarte querer hasta verme desistir,
es algo que te permite el convencimiento de que controlas la situación,
y es así desde que me entregué.
Lo más estúpido de este romance unidireccional
es que las carreteras siempre se pierden hacia los dos sentidos,
y todo el sentido estaba en la anterior salida,
es normal que todo parezca más claro al perder la perspectiva de las cosas,
el suelo queda más cerca que el horizonte.
No obstante, yo sigo plantándote cara,
ahora tendrías que pincharme, no sacudirme,
pero tú quieres hacerme pagar mi sinceridad,
te da rabia lo que digo,
cuando yo solo digo que a mi no me pasa.
Cobarde, mira que eres cobarde,
suena a hablar por hablar, pero es la realidad,
si no lo haces, lo lamentarás,
lo verás justo antes de morir,
y si no, es que ya moriste, solo dejas de existir.
Lo peor de todo es que yo ni tan solo te diría que sí,
soy aún más cobarde que tú,
asi que estamos juntos por la dinámica de la idiotez,
yo, seguro, más idiota que tú,
pero dos idiotas, al fin y al cabo,
idiotas inseguros e indecisos.
Va a terminar el invierno que estás logrando superar,
y he de soltar este lápiz si quiero podar,
pero si tengo que escoger, sé de quién me puedo fíar,
las palabras se quedan, y tú te vas.
lunes 10 de agosto de 2009
Macabro baile
Macabro baile (Noviembre 2006)
Cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea,
es, entonces, cuando explota la hemoglobina,
se expanden alargados filamentos,
filamentos chispeados terminados en punta,
y, entre ellos, huecos encorvados,
la distancia en la que gana la ignorancia,
o me vuelvo a olvidar,
olvido que cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea.
Los caminos del Señor son inescrutables,
piérdete al contar,
los hipócritas tampoco entran en el cielo,
a nadie vamos a engañar,
Faulkner dijo que lo peor de caminar es que las huellas desaparecerán,
yo añado mis tropiezos,
los torpes aderezos para disimular,
Faulkner es un caso aparte,
el ya sabe que cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea.
Qué recitan los pájaros, si aún es de noche?
quién les mandó despertar?
otro maldito día que ofertar,
pájaros, volved al nido,
dormid, pájaros, dormid,
dormid, pájaros, dormd,
os avisaré cuando me asuste el calor,
cuando abra mis ojos resecos,
contemplaréis que cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea.
Mi lápiz, mi bisturí,
cirujano de mis propias entrañas,
algo controlado reanuda su expansión,
corre como llevado por el diablo
o por el ángel enfurecido con el pecador,
me aturde y resto estático,
no sé por donde empezar,
la mano vacila, el pulso empieza a fallar,
brota la sangre, llega hasta mi boca,
"no así cuando gotea", recuerdo.
En el cuarto oscuro cogen cuerpo los detalles,
ya no sé si mi cabeza es mía o tuya,
me agarro a los periódicos,
pero sus historias son las de siempre,
vuelvo a los detalles,
idénticos a la felicidad,
lo que hay tras la apariencia nunca se sabrá,
te portaste mal o demasiado bien,
y me hiciste descubrir que cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea.
Macabro baile fisurando el final,
la rendija del desconcierto,
abre los ojos el muerto,
pregunta algo que no sé responder,
paro en seco el entierro,
dudo, y la pala clavada en la hierba,
"hasta qué punto el alcohol logró llegarlo a provocar?",
si fueron pasos decididos puedes volverte a acercar,
y sabrás que cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea.
Cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea,
es, entonces, cuando explota la hemoglobina,
se expanden alargados filamentos,
filamentos chispeados terminados en punta,
y, entre ellos, huecos encorvados,
la distancia en la que gana la ignorancia,
o me vuelvo a olvidar,
olvido que cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea.
Los caminos del Señor son inescrutables,
piérdete al contar,
los hipócritas tampoco entran en el cielo,
a nadie vamos a engañar,
Faulkner dijo que lo peor de caminar es que las huellas desaparecerán,
yo añado mis tropiezos,
los torpes aderezos para disimular,
Faulkner es un caso aparte,
el ya sabe que cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea.
Qué recitan los pájaros, si aún es de noche?
quién les mandó despertar?
otro maldito día que ofertar,
pájaros, volved al nido,
dormid, pájaros, dormid,
dormid, pájaros, dormd,
os avisaré cuando me asuste el calor,
cuando abra mis ojos resecos,
contemplaréis que cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea.
Mi lápiz, mi bisturí,
cirujano de mis propias entrañas,
algo controlado reanuda su expansión,
corre como llevado por el diablo
o por el ángel enfurecido con el pecador,
me aturde y resto estático,
no sé por donde empezar,
la mano vacila, el pulso empieza a fallar,
brota la sangre, llega hasta mi boca,
"no así cuando gotea", recuerdo.
En el cuarto oscuro cogen cuerpo los detalles,
ya no sé si mi cabeza es mía o tuya,
me agarro a los periódicos,
pero sus historias son las de siempre,
vuelvo a los detalles,
idénticos a la felicidad,
lo que hay tras la apariencia nunca se sabrá,
te portaste mal o demasiado bien,
y me hiciste descubrir que cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea.
Macabro baile fisurando el final,
la rendija del desconcierto,
abre los ojos el muerto,
pregunta algo que no sé responder,
paro en seco el entierro,
dudo, y la pala clavada en la hierba,
"hasta qué punto el alcohol logró llegarlo a provocar?",
si fueron pasos decididos puedes volverte a acercar,
y sabrás que cuando brota la sangre llega hasta mi boca,
no así cuando gotea.
viernes 17 de julio de 2009
Benicio
Benicio (noviembre 2006)
Benicio se está devorando,
se muerde los padastros con fruición,
se desgarra en cada mordisco,
la piel se adhiere a sus incisivos,
moribundean sus dedos deformes,
no hay tregua a la carne enrojecida.
Benicio, falto de cabales,
busca el carril bici de su existencia,
es bastante peligroso, dentro de cierta seguridad,
deja los lagartos sueltos por la habitación,
ya nunca voy a verle.
Ha convertido el placer de beber en una necesidad,
arrastra una bolsa repleta de botes,
roba en tiendas, no pide caridad,
no ralentiza el final.
Sin alguien que adorar se desintegra,
solo quere le alegra,
no exige ser correspondido,
su principal derrota es darse por vencido,
nunca se atreve a jugar,
dice que no es su lugar,
no cumple el perfil de ningún equipo,
no responde a los prototipos,
le intento hacer entrar en razón,
que solo son estereotipos,
y no me quiere escuchar,
tanto desdén me intriga,
qué abriga la cabeza de Benicio?
Teje sus sueños con los ajenos,
la aguja siempre termina en su cráneo,
no le conoce ni su madre,
y si lo hiciera, acabaría en la basura,
extrañas materias circulan por su boca,
sabe más que nadie lo que ocurre cuando hace frío,
y no es algo de lo que alardear,
mejor no le hagas hablar,
vicia el aire.
Hijo de tornero y secretaria,
concebido en un balcón,
nacido en un ascensor en descenso,
no hubo mirra, oro ni incienso,
tan solo sangre y dolor.
Que no sea mala persona no significa que sea buena,
se podría pasear por tu espejo,
brama entre la piedra y el cemento,
gruñe ante tu compasión,
puedes odiar al chico raro.
Llamó exclamando "lo tengo claro!",
no sabía qué pensar,
recuerdo el pus brotando por cada cavidad,
sus orejas tosiendo humo,
zumo comprado y un paquete de cigarros,
sus brazos como cenicero,
era enero cuando me advirtió:
"te avisaré cuando se baje la hinchazón".
Rebosan las cartas en su buzón,
los buitres picotean la puerta,
hace tres días que Benicio ha muerto,
empezó su descomposición.
Benicio se está devorando,
se muerde los padastros con fruición,
se desgarra en cada mordisco,
la piel se adhiere a sus incisivos,
moribundean sus dedos deformes,
no hay tregua a la carne enrojecida.
Benicio, falto de cabales,
busca el carril bici de su existencia,
es bastante peligroso, dentro de cierta seguridad,
deja los lagartos sueltos por la habitación,
ya nunca voy a verle.
Ha convertido el placer de beber en una necesidad,
arrastra una bolsa repleta de botes,
roba en tiendas, no pide caridad,
no ralentiza el final.
Sin alguien que adorar se desintegra,
solo quere le alegra,
no exige ser correspondido,
su principal derrota es darse por vencido,
nunca se atreve a jugar,
dice que no es su lugar,
no cumple el perfil de ningún equipo,
no responde a los prototipos,
le intento hacer entrar en razón,
que solo son estereotipos,
y no me quiere escuchar,
tanto desdén me intriga,
qué abriga la cabeza de Benicio?
Teje sus sueños con los ajenos,
la aguja siempre termina en su cráneo,
no le conoce ni su madre,
y si lo hiciera, acabaría en la basura,
extrañas materias circulan por su boca,
sabe más que nadie lo que ocurre cuando hace frío,
y no es algo de lo que alardear,
mejor no le hagas hablar,
vicia el aire.
Hijo de tornero y secretaria,
concebido en un balcón,
nacido en un ascensor en descenso,
no hubo mirra, oro ni incienso,
tan solo sangre y dolor.
Que no sea mala persona no significa que sea buena,
se podría pasear por tu espejo,
brama entre la piedra y el cemento,
gruñe ante tu compasión,
puedes odiar al chico raro.
Llamó exclamando "lo tengo claro!",
no sabía qué pensar,
recuerdo el pus brotando por cada cavidad,
sus orejas tosiendo humo,
zumo comprado y un paquete de cigarros,
sus brazos como cenicero,
era enero cuando me advirtió:
"te avisaré cuando se baje la hinchazón".
Rebosan las cartas en su buzón,
los buitres picotean la puerta,
hace tres días que Benicio ha muerto,
empezó su descomposición.
viernes 12 de junio de 2009
Galaxia con su primer sol
Galaxia con su primer sol (julio 2008-marzo 2009)
Tu timbre es un tabú resultado de la incomprensión,
tan real como el tacto,
surgiste de la necesidad de combatir al sinsentido,
e hiciste amistad con complicadas compañeras de viaje.
Hay abismos en el cielo y marcianas profundidades,
trincheras de madera donde se vuelven polvo los despojos,
la pesadumbre es mi naturaleza,
me sabe bien y me hunde.
Tu voz, enlatada en toda clase de formato,
tu aspecto, plasmado en millones de fotografías,
toda la vida como vida, y aún un misterio,
no te miraré con obscenidad,
aunque sea la única forma obscena de mirar,
al final seré tuyo,
creeré que eres mía.
Postergada hasta que tenga un momento para pensar en ti,
aunque, tarde o temprano, sabemos que va a suceder,
no, para qué engañarse, no dejo de pensar en ti,
cometeré mil errores antes de volver a negar la verdad.
A algunos embriagas; a otros, eres espetada,
no hay dos como tú,
solo otra diferente,
y acordásteis ir a medias con el botín.
Paradójicamente, tienes corazón,
cuando late, suena como el silencio,
siempre marcas tus huellas en los mismos agujeros,
eso es algo que me tendrás que explicar,
siempre y cuando, claro, se te pueda preguntar,
no eres ninguna competición,
pero tienes el reto en el rostro.
Espero que no seas una diosa,
o me tendré que hacer talibán,
la pasión cegadora me hará escribir versos lamentables como estos,
versos pobres en sentimiento, sin voz,
y ¿no me querrás tanto mal?
Seguro estás libre de moralidad,
tu omnipotencia no puede ser divina,
amansas el murmullo de la sangre que circula,
e intuyo que conoces al reposo y me lo puedes presentar,
y sabrás que es cuestión de hábito que deje de impresionar,
qué rabia y qué alivio que siempre se imponga tu decisión.
Los años saben que ha surgido tantas, tantas veces esta idea...
ideas que son cábalas si no las guía una decisión,
pero tampoco sería mala opción pasar por fin a la acción,
abeja reina, déjame zumbar en tu colmena.
Me podía fiar de mi mismo antes de que todo se fuera al traste,
el humor era hábil y domesticaba tanta amargura,
desaparecido en combate, se ha vuelto arisca y contestona,
está afilada, y consigue herir,
y no entiende qué lógica siguen las reglas del juego en esta casa,
se esfuerzan en vender tragedia de un hecho,
es otra forma de hacer carnaval con un sufrimiento fatuo.
Veo caer la aguja del reloj y recuperar el pulso,
es el ágape inacabable del segundero celador,
ya dejé de considerar momentos bajos este ánimo residente,
a buen entendedor, incluso palabras mal expresadas.
Los invitados de piedra estan convencidos de que faltan medicinas,
persisto porque sé que no hay droga que lo esconda,
no hay mujer especial ni buena notícia que lo arregle,
solo tú sabes cómo, querida.
Tu timbre es un tabú resultado de la incomprensión,
tan real como el tacto,
surgiste de la necesidad de combatir al sinsentido,
e hiciste amistad con complicadas compañeras de viaje.
Hay abismos en el cielo y marcianas profundidades,
trincheras de madera donde se vuelven polvo los despojos,
la pesadumbre es mi naturaleza,
me sabe bien y me hunde.
Tu voz, enlatada en toda clase de formato,
tu aspecto, plasmado en millones de fotografías,
toda la vida como vida, y aún un misterio,
no te miraré con obscenidad,
aunque sea la única forma obscena de mirar,
al final seré tuyo,
creeré que eres mía.
Postergada hasta que tenga un momento para pensar en ti,
aunque, tarde o temprano, sabemos que va a suceder,
no, para qué engañarse, no dejo de pensar en ti,
cometeré mil errores antes de volver a negar la verdad.
A algunos embriagas; a otros, eres espetada,
no hay dos como tú,
solo otra diferente,
y acordásteis ir a medias con el botín.
Paradójicamente, tienes corazón,
cuando late, suena como el silencio,
siempre marcas tus huellas en los mismos agujeros,
eso es algo que me tendrás que explicar,
siempre y cuando, claro, se te pueda preguntar,
no eres ninguna competición,
pero tienes el reto en el rostro.
Espero que no seas una diosa,
o me tendré que hacer talibán,
la pasión cegadora me hará escribir versos lamentables como estos,
versos pobres en sentimiento, sin voz,
y ¿no me querrás tanto mal?
Seguro estás libre de moralidad,
tu omnipotencia no puede ser divina,
amansas el murmullo de la sangre que circula,
e intuyo que conoces al reposo y me lo puedes presentar,
y sabrás que es cuestión de hábito que deje de impresionar,
qué rabia y qué alivio que siempre se imponga tu decisión.
Los años saben que ha surgido tantas, tantas veces esta idea...
ideas que son cábalas si no las guía una decisión,
pero tampoco sería mala opción pasar por fin a la acción,
abeja reina, déjame zumbar en tu colmena.
Me podía fiar de mi mismo antes de que todo se fuera al traste,
el humor era hábil y domesticaba tanta amargura,
desaparecido en combate, se ha vuelto arisca y contestona,
está afilada, y consigue herir,
y no entiende qué lógica siguen las reglas del juego en esta casa,
se esfuerzan en vender tragedia de un hecho,
es otra forma de hacer carnaval con un sufrimiento fatuo.
Veo caer la aguja del reloj y recuperar el pulso,
es el ágape inacabable del segundero celador,
ya dejé de considerar momentos bajos este ánimo residente,
a buen entendedor, incluso palabras mal expresadas.
Los invitados de piedra estan convencidos de que faltan medicinas,
persisto porque sé que no hay droga que lo esconda,
no hay mujer especial ni buena notícia que lo arregle,
solo tú sabes cómo, querida.
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