viernes, 17 de julio de 2009

Benicio

Benicio (noviembre 2006)

Benicio se está devorando,
se muerde los padastros con fruición,
se desgarra en cada mordisco,
la piel se adhiere a sus incisivos,
moribundean sus dedos deformes,
no hay tregua a la carne enrojecida.
Benicio, falto de cabales,
busca el carril bici de su existencia,
es bastante peligroso, dentro de cierta seguridad,
deja los lagartos sueltos por la habitación,
ya nunca voy a verle.

Ha convertido el placer de beber en una necesidad,
arrastra una bolsa repleta de botes,
roba en tiendas, no pide caridad,
no ralentiza el final.
Sin alguien que adorar se desintegra,
solo quere le alegra,
no exige ser correspondido,
su principal derrota es darse por vencido,
nunca se atreve a jugar,
dice que no es su lugar,
no cumple el perfil de ningún equipo,
no responde a los prototipos,
le intento hacer entrar en razón,
que solo son estereotipos,
y no me quiere escuchar,
tanto desdén me intriga,
qué abriga la cabeza de Benicio?

Teje sus sueños con los ajenos,
la aguja siempre termina en su cráneo,
no le conoce ni su madre,
y si lo hiciera, acabaría en la basura,
extrañas materias circulan por su boca,
sabe más que nadie lo que ocurre cuando hace frío,
y no es algo de lo que alardear,
mejor no le hagas hablar,
vicia el aire.

Hijo de tornero y secretaria,
concebido en un balcón,
nacido en un ascensor en descenso,
no hubo mirra, oro ni incienso,
tan solo sangre y dolor.
Que no sea mala persona no significa que sea buena,
se podría pasear por tu espejo,
brama entre la piedra y el cemento,
gruñe ante tu compasión,
puedes odiar al chico raro.

Llamó exclamando "lo tengo claro!",
no sabía qué pensar,
recuerdo el pus brotando por cada cavidad,
sus orejas tosiendo humo,
zumo comprado y un paquete de cigarros,
sus brazos como cenicero,
era enero cuando me advirtió:
"te avisaré cuando se baje la hinchazón".

Rebosan las cartas en su buzón,
los buitres picotean la puerta,
hace tres días que Benicio ha muerto,
empezó su descomposición.