martes, 8 de septiembre de 2009

Tatiana, la rusa sin muñecas

Tatiana, la rusa sin muñecas (julio 2008 - agosto 2009)

Tatiana ensimismada mientras su tía se cambia de ropa,
tiene los pechos tan largos y caídos que se les puede dar la mano,
"(es algo que solo puedo pensar)", piensa, sin querer mirarse los muñones,
y observa los libros en la estantería, semejantes a un batallón disciplinado,
cuando su padre vuelva del trabajo le dirá que no le lea más,
que ya tiene dieciseis años, y eso es cosa de niñas.
Hay días en los que añora sus sueños,
hay días en los que se ve guapa vestida,
aprieta el calor, abajo tienen la tele a toda castaña,
por el bullicio abrasado de las ondas, debe de haber una competición,
seguro que hacen panorámicas del estadio y muestran la crono de cada carrera,
corredores de fondo de aspecto endeble, pero de goma dura,
latigazo como de mallas soltadas que resucita a la habitación,
su tía se estira la hebilla del sostén para recolocarse el pecho izquierdo,
y Tatiana siente como se desprende el fósforo de su cráneo.

La muñeca derecha la perdió a los ocho años,
buscaba piedras planas y afiladas que rebotaran sobre el río,
y entre los matorrales solo encontró a una serpiente que se defendía,
por período de un segundo, una y otra se retorcían.
En el pote mal cerrado de cristal, los gusanos se beneficiaban de la histeria del hermano,
éste tomó en brazos a Tatiana mientras su mano se agarrotaba:
"mira lo que ha pasado! es que nunca me haces caso!
que las piedras que buscas estan junto el río!
que las piedras que buscas estan bajo el agua!"
"no morirás"
, pronunció, entrecortado por el trote,
"no aún", precisó, como evitando a la mentira.
Mientras la cosían, se ausentaba en el repicar de la puntera de la secretaria contra el tope del escritorio,
el remate de su hombro conservaba el aroma a pescado,
las horas de los gusanos se restringían a minutos que pronto valdrían segundos,
y el doctor la tranquilizaba: "estás en edad de crecimiento, pero la carne no tiene por qué ceder".

La muñeca izquierda la extirparon a los diez,
llegaba Tatiana a clase como cada mañana, y se desvestía por imperio del radiador,
los calcetines altos le provocaban picores, era insufrible soportarlo,
así que se bajó el izquierdo con la goma de los zapatos,
perdió el equilibrio al intentarlo con el derecho, topó con el mueble de los percheros,
y el afilado corredor de metal hizo el resto.
Trasladada por dos profesoras, se fijaba en la sangre haciendo un paño de la sábana,
no dolía tanto, pero impresionaba verla abierta en canal,
esa muñeca luchaba por su razón de ser, y se negaba a soltarse,
y en la mirada de aquel hombre se descartaban las opciones;
en la voz, lo que intuía: "habrá que cortar".
"Por la psique humana no se navega, se naufraga"
leyó Tatiana al pie de un cuadro de la consulta del doctor,
no se atrevía a pedir que le bajaran el calcetín, que volvía a notar el escozor,
y el doctor la tranquilizaba: "estás en edad de crecimiento, pero la carne no tiene por qué ceder".

Tatiana escucha a su madre embarazada hablando de nueva esperanza,
para ella solo contiene más munición,
le da rabia que las idiotas de clase aseguren que da asco a los chicos, pero no le angustia,
no conoce a nadie especial,
solo al hombre de sus sueños en aquellos más húmedos,
por eso yace continuadamente, en busca del letargo,
la compulsión puede ser un delirio tierno.
Alguien anda por la calle arrastrando un palo sobre el hormigón,
ella alza los muñones, y sus brazos parecen bates,
sonríe al observar a contraluz las sombras ovaladas,
no es una chica triste, sabe sacar provecho de sus posibilidades,
en esta guerra de vida, sigue atrincherada en su nuevo placer personal,
escucha, estirada en la cama, la ausencia de ruidos le hace pensar:
"(no hay nadie en casa, haz lo que debas)"
y el viento empuja la puerta, sin llegarla a cerrar.

Flor a las puertas de un invierno

Flor a las puertas de un invierno (noviembre 2008 - septiembre 2009)

¿Qué ha ocurrido contigo?
ahora eres de las que no se acercan a los hombres cuando estan con alguien,
qué temes a descubrir?
qué temes desear?
por qué antes vivías y ahora intentas existir?
Hablar de las cosas que van mal es desagradable,
es desagradable no poderlas negar,
solo me interesa lo que no funciona,
sea el mundo, las leyes, o nosotros dos,
pero no me creo que te resulte violento lo que surge cuando conversamos
pues, si hablamos sobre entrañas, deduzco la conversación es entrañable,
y tú siempre te quejabas de que un conversador fuera banal.
Esperando notícias tuyas como la sangre en un cadáver caliente,
mis sentimientos agitados se estan volviendo a encauzar
en una decepción que recoge el dolor de lo que ya no ilusiona.

Vas a tener que pararme los pies,
siempre me costó reaccionar, y ahora mi ritmo es inaceptable,
no hay manera de descifrar al amor,
ser cazado por su alquimia es monstruoso.
Entonces, es verdad, no? qué frío hace!
con lo poco que me gusta, y cómo me sé desenvolver,
como nacido ayer como agua congelada,
y a eso juego, a que pase otra temporada,
el dolor se respira,
reprimirse es otra forma de sufrir.
Siento que eres motivo suficiente para renunciar a ciertas cosas,
para encontrar bizarramente interesantes los residuos de tus sueños,
creo que tus morros se deben entumecer tras el tercer beso,
y quiero que me admires, no sea cierto que no te gusto,
así siempre te puedes precipitar.

Y decides especular, tienes un colchón de afectividad,
yo echo el resto sin ambiciones recíprocas,
dejarte querer hasta verme desistir,
es algo que te permite el convencimiento de que controlas la situación,
y es así desde que me entregué.
Lo más estúpido de este romance unidireccional
es que las carreteras siempre se pierden hacia los dos sentidos,
y todo el sentido estaba en la anterior salida,
es normal que todo parezca más claro al perder la perspectiva de las cosas,
el suelo queda más cerca que el horizonte.
No obstante, yo sigo plantándote cara,
ahora tendrías que pincharme, no sacudirme,
pero tú quieres hacerme pagar mi sinceridad,
te da rabia lo que digo,
cuando yo solo digo que a mi no me pasa.

Cobarde, mira que eres cobarde,
suena a hablar por hablar, pero es la realidad,
si no lo haces, lo lamentarás,
lo verás justo antes de morir,
y si no, es que ya moriste, solo dejas de existir.
Lo peor de todo es que yo ni tan solo te diría que sí,
soy aún más cobarde que tú,
asi que estamos juntos por la dinámica de la idiotez,
yo, seguro, más idiota que tú,
pero dos idiotas, al fin y al cabo,
idiotas inseguros e indecisos.
Va a terminar el invierno que estás logrando superar,
y he de soltar este lápiz si quiero podar,
pero si tengo que escoger, sé de quién me puedo fíar,
las palabras se quedan, y tú te vas.