martes, 23 de agosto de 2011

Tranquillo a la cosa

--Tranquillo a la cosa (octubre-diciembre 2009)--

No me des la mano, que te cojo el brazo,
y, cuando me lo quitas, me enfado,
porque ya me había olvidado de la mano,
y creía que lo ofrecido era el brazo,
que el brazo era mano, aunque no se pareciese,
y si era más larga, es porque juntabas los dedos,
y si era lisa, es porque no tenías porvenir,
y me dabas la mano porque soy lo único que tienes,
precisamente yo, que me quedo con tu mano,
con tu brazo,
soy lo que tienes más a mano,
aunque ya no lo notes,
con la mano libre no te alcanzo,
dame un abrazo,
y tu otro brazo te quedará a mano.

A veces del abrazo se va al embarazo,
es cuando no se usa la mano,
y el embarazo es embarazoso, pero humano,
y, si yo lo sé, más lo sabe mi hermano,
tanto hermano como hermano no-hermano, como los afroamericanos,
y es que es el riesgo de meter más que mano,
dar pie a otro humano,
al que no salva ni venir de santo,
porque no hay miembro de su cuerpo sobrehumano que haga lo que su mano,
por mucho que no dé su brazo a torcer,
ha de admitirlo,
se le fue de las manos
y aunque no lograra quedarse de brazos cruzados,
si más no, ya se ha enterado,
es algo a traerse entre manos.

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